Claves para asegurarse una buena jubilación

La recta final del año suele ser el momento más frecuente (debido a la propaganda comercial de las entidades financieras) de pararse a pensar en la pensión que quedará tras la jubilación. Sin embargo, la creciente necesidad de ahorrar de cara a la jubilación no entiende de fechas en el calendario y, si bien el otoño es la época más frecuente para hacerlo, la realidad demográfica y económica hacia la que se dirige el país es por sí sola argumento de peso para adelantarse al frío invierno que le espera a las pensiones públicas.

El envejecimiento de la población es una evidencia. La prolongación de la esperanza de vida hace que los jubilados lo sean durante más tiempo, un desafío tremendo para la Seguridad Social y que augura pensiones más bajas para quienes se jubilen en el futuro. La reforma en profundidad del sistema es tarea pendiente para la que no existe aún el consenso político necesario, pero los cambios aplicados en 2013 ya supondrán novedades y rebajas sustanciales. Para empezar, la edad de jubilación se va retrasando de forma progresiva, de modo que los 67 años sean la edad efectiva del retiro a partir de 2027.

Pero la gran novedad llegará mucho antes, en 2019, cuando se introducirá el denominado factor de sostenibilidad en el cálculo de las pensiones, que tendrá en cuenta para su cálculo el crecimiento de la economía, los precios, la estimación de ingresos y gastos de la Seguridad Social y la esperanza de vida de quienes se jubilan cada año, de modo que la revisión anual de la pensión según el IPC no puede ser inferior al 0,25% pero tampoco superior al IPC más 0,5%. En 2022 los años cotizados que se tendrán en cuenta para calcular la pensión serán los últimos 25 años. Esto también contribuirá a una pensión más baja, ya que el sueldo más alto suele concentrarse al final de la vida laboral.

En definitiva, todo un abanico de medidas que apuntan a una fuerte rebaja en la tasa de sustitución, por la que ahora un jubilado pasa a cobrar de pensión el equivalente al 80% de su sueldo. La OCDE establece que el nivel de protección de los jubilados debe rondar el 60%, un porcentaje que se alcanzará fácilmente en los próximos años y que será muy inferior para las rentas altas.

La pensión máxima en la actualidad está en los 2.573,7 euros al mes, en 14 pagas. Según cálculos, quien ahora cobre poco más de 45.000 euros brutos anuales puede optar a esa pensión máxima y que su pensión se ajuste al 80% de sus ingresos en activo. Pero para quien tiene ahora 35 años y disfruta del mencionado salario, al jubilarse a los 67 años cobrará una pensión por el 46% de esos ingresos actuales, aproximadamente.

El mensaje insistente de la necesidad de complementar la pensión pública con ahorro privado de cara al futuro se vuelve una clara advertencia a la vista de estos cálculos. Y una vez asumido que la pensión futura será más baja, llega el momento de la planificación financiera del ahorro privado para la jubilación.

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¿Cómo podemos hacerlo?

El primer paso es hacer un ejercicio sencillo. Ver de cuánto dinero quieres disponer cada mes y cuánta pensión pública tendrás. La diferencia es lo que hay que ahorrar y, a partir de ahí, establecer un objetivo.

Muestra del desafío que puede suponer mantener el nivel de vida llegada la jubilación es el cálculo de cuánto hay que destinar al ahorro cada año. Utilizando una inflación y rendimientos medios:

Un trabajador de 35 años que se jubile a los 67, que aspire a tener entonces ingresos equivalentes al 80% de los actuales y que estime que su pensión pública de jubilación sea el 60% de su salario, deberá destinar al ahorro el 7,5% de sus ingresos cada año para lograr ese objetivo.

El porcentaje de ingresos que hay que destinar al para cumplir los objetivos previstos de cara a la jubilación es mayor cuanto más edad tenga el trabajador  con independencia de su salario. Así, alguien de 45 años deberá destinar el 12,2% de sus ingresos al ahorro para la jubilación, si pretende alcanzar la meta de mantener un nivel de ingresos en el retiro equivalentes al 80% de los actuales. Por el contrario, quien ahora tiene 25 años solo debe destinar el 1,8% de sus ingresos.

En base a estos datos podemos se nos presentan varias alternativas:

Los planes de pensiones tienen un atractivo fiscal a corto plazo pero dicha fiscalidad se endurece en el momento del reembolso, ya que tributa la tipo marginal de rendimientos del trabajo y no del ahorro. Hay otras opciones como los fondos, que permiten traspasos sin tributar por la plusvalía, los planes ahorro 5, los PIAS y los planes de previsión asegurados (PPA), también dirigidos al ahorro para la previsión y con incentivos fiscales, ya que éstos sólo tributan por los beneficios obtenidos.

En próximas entradas del blog analizaremos estas alternativas para complementar dicha pensión. Mientras tanto puedes contactar con nosotros para poder realizar un estudio de tu situación.

En estos casos, en el que no debemos depender de terceros como el Estado, tendríamos que aplicar el dicho “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

 

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