¿Qué es un fondo de inversión y cómo funciona?

Los fondos de inversión o también conocidos como Instituciones de Inversión Colectiva (IIC), son vehículos de inversión que engloban las aportaciones de diversos ahorradores, y mediante el cual los ahorradores ceden a los gestores profesionales, la toma de decisiones sobre la inversión de su patrimonio. La inversión se realiza de forma conjunta en los activos que el equipo gestor considera adecuados para obtener la máxima rentabilidad posible. En función de una estrategia de inversión previamente definida. Por tanto un fondo de inversión está formado por un patrimonio, que no tiene personalidad jurídica, y que está dividido en participaciones.

 El fondo puede invertir en un universo amplio de activos: bonos, acciones, derivados, divisas, así como en productos no financieros como bienes inmuebles o materias primas. Además pueden invertir en cualquier zona geográfica. Eso sí, deben respetar la filosofía de inversión marcada. El perfil de riesgo determinará la exposición del fondo a renta variable (más arriesgado) o a renta fija (más conservador). También se debe determinar si va a invertir en una determinada región, como puede ser España, o en más países. Incluso puede invertir a nivel global.

Elementos de un fondo de inversión

Partícipes de un fondo de inversión

Al igual que existen accionistas de una empresa, existen partícipes de un fondo de inversión, que son quienes, mediante las aportaciones que realizan al patrimonio del fondo, obtienen una determinada participación en el mismo. Los partícipes son propietarios del fondo en la proporción de las aportaciones que hayan realizado. Pueden entrar en el fondo en el momento de su constitución o a posteriori, y pueden salirse del mismo (obteniendo el reembolso de la inversión) en cualquier momento.

Participaciones de un fondo de inversión

Las participaciones son las partes alícuotas en las que se divide un fondo de inversión. El número de participaciones que forman un fondo de inversión no es un valor fijo como ocurre con las acciones de una empresa, sino que dependen de las compras y ventas que se realicen de las mismas. La compra de participaciones se denomina suscripción y la venta de las participaciones, reembolso.
Al precio de la participación de un fondo de inversión en una determinada fecha se le denominavalor liquidativo. Este valor es el que nos permitirá ver cómo evoluciona el fondo. Por poner un ejemplo, si las participaciones del fondo de inversión tienen un valor liquidativo de 100€ y se desea invertir 2.000€, el inversor adquirirá 20 participaciones.

Sociedad gestora de un fondo de inversión

La sociedad gestora es la encargada de gestionar y administrar el fondo. Hay que aclarar que no es la propietaria del fondo, los propietarios son siempre los partícipes. La sociedad gestora es quien decide dónde se invierte el patrimonio del fondo, es decir, determina la política de inversión del fondo.

Cada fondo de inversión está gestionado por una única gestora, pero una gestora puede gestionar más de un fondo de inversión a la vez.

Las sociedades gestoras tienen la obligación de remitir la información relativa a sus fondos a la CNMV de manera periódica, y son las encargadas de llevar el registro de las participaciones de los fondos de inversión.

Depositario de un fondo de inversión

La función del depositario es la de custodiar y vigilar los activos que componen el fondo. Este puede ser un banco, caja de ahorros, sociedad de valores o cooperativa de crédito que esté inscrita en la CNMV. El depositario cobra una comisión al fondo de inversión en concepto de depósito.
Si el fondo de inversión cambia de depositario, los partícipes tienen derecho a recibir la totalidad de su inversión sin aplicarse, en caso de que la hubiera, comisión de reembolso.

Funcionamiento de un fondo de inversión

El funcionamiento de un fondo de inversión es muy sencillo. El partícipe pone su dinero en el fondo y adquiere participaciones. La sociedad gestora integra ese dinero en el fondo y lo invierte dónde considera conveniente (acciones, bonos, divisas…).
El patrimonio del fondo de inversión es el dinero que lo forma, esté invertido o no en activos financieros. Por otro lado, la cartera de un fondo de inversión, es el conjunto de títulos que este posee.
Cuando el inversor adquiere participaciones mediante las aportaciones que realiza,  está comprando una parte del fondo, es decir, está formando una pequeña cartera igual a la del fondo.
Un fondo de inversión en funcionamiento puede aumentar o disminuir su tamaño por dos motivos. En primer lugar, por la entrada o salida de inversores, y en segundo lugar por las variaciones en el valor de mercado de los activos que lo forman.
En estos tiempos en los que sacar rendimiento a nuestros ahorros es tarea complicada a través de los tradicionales depósito, plazo fijos, cuantas remuneradas,…, este tipo de instrumentos financieros es una de las mejores opciones para optimizar dichos ahorros. Y a pesar de la creencia de muchos, es una alternativa a alcance de todos.
Cierto es que es un tipo de inversión que muchos tienen respeto pero seguramente por falta de información, por recibir mala información o por un mal asesoramiento. En nuestra asesoría ofrecemos la oportunidad de enseñarle las mejores alternativas realizando un estudio previo sobre su perfil inversor y que seáis vosotros los que elijáis cómo sacar rendimiento a esos ahorros.

El recorte de las nuevas pensiones en 2019 será del 0,5%, unos 75 euros menos al año

Todos los trabajadores que se jubilen a partir del 1 de enero de 2019 tendrán una pensión un poco más baja de la que le correspondería según lo cotizado. Este pequeño recorte de las futuras pensiones que lleguen al sistema a partir del próximo año se producirá por el efecto del denominado factor de sostenibilidad. Se trata de un elemento corrector que el Gobierno introdujo en su reforma de pensiones del año 2013. Si bien entonces decidió que no se aplicaría hasta enero de 2019.

Este factor tiene como objeto recortar las futuras pensiones para adecuarlas a la mayor esperanza de vida: dado que los jubilados cada vez viven (y cobran pensión) durante más tiempo, hay que repartir el mismo dinero en más años, por lo que cada año se llevan un poquito menos.

Pero ¿cuánto dinero menos supondrá este factor de sostenibilidad? El Gobierno aún está diseñando la fórmula definitiva de este elemento corrector, pero los actuarios han hecho sus cálculos y coinciden en que el recorte que se aplicará a las pensiones que se den de alta en 2019 será de alrededor del 0,5%, respecto a lo que le habría correspondido a cada pensionista en función de sus cotizaciones según la ley actual. Así, por ejemplo, en una pensión media de jubilación que a finales de 2017 asecendía a una media de 1.074 euros al mes en 14 pagas (15.036 euros al año), la aplicación de este factor supondría que cobraría unos 75 euros menos al año.

Si bien, este será el recorte solo en 2019, porque este factor es acumulativo. A los cinco años de vigencia de este factor, se revisará y se verá qué recorte se sigue aplicando, también de forma acumulativa, para los cinco años siguientes.

En consecuencia, se estiman que los recortes acumulados en una pensión por efecto de este factor “sumarán entre un 5% y un 6% cada diez años”.

En esta misma línea se ha calculado que un trabajador que se jubile dentro de 30 años, con una carrera de cotización idéntica a la de otro trabajador que se jubile en 2018, cobrará alrededor de un 22% menos que este último, solo por la aplicación del factor de sostenibilidad.

Según estos cálculos, solo en 2019 la contención de gasto será de entorno a 22 millones de euros. Aunque este ahorro se acumulará y multiplicará según avancen las generaciones de pensionistas y se mantendrá en el sistema durante el resto de su vida. El periodo medio de cobro de una pensión de jubilación roza los 20 años.

Otros cambios en 2019

Pero el factor de sostenibilidad no es el único cambio importante que se aplicará a las pensiones en 2019.

El primero de enero del próximo año entrará en vigor otro aspecto de la reforma de pensiones de 2013 del que no se habla tanto pero que podría contener el gasto aún más que el factor de sostenibilidad. Se trata de la norma que impide desde el próximo 1 de enero que ningún trabajador se jubile con las condiciones de acceso, más ventajosas, previas a la reforma de 2011.

En aquel año, la reforma socialista fijó un periodo generoso, hasta el año 2024, en el que un buen número de trabajadores podían acceder a la jubilación anticipada y parcial con las condiciones anteriores a la reforma de 2011. Pero en la reforma de 2013, el Gobierno aceleró este periodo transitorio y fijó el 1 de enero de 2019 como fecha tope para jubilarse con condiciones más ventajosas.

Así, actualmente, cerca del 40% de las jubilaciones se hace de forma anticipada o parcial y aún la mayoría de ellas conforme a la legislación más ventajosa previa a 2011. Esto también terminará el año próximo, frenando igualmente el gasto.

Pocos indicadores más hacen falta para planificarse a conciencia de lo que se nos viene encima, independientemente de la edad. 

Para ayudarte a elaborar una correcta planificación, así como a ayudarte a elegir el seguro que mejor se adapte a tus necesidades, las mejores alternativas de financiación e inversión y ayudarte en asuntos jurídicos, estamos a tu disposición.

 

Por primera vez el español invierte más en seguros que en depósitos

El inversor español siempre ha llevado puesta la etiqueta de conservador. Sin embargo, poco a poco se ha ido concienciando de que los productos con menos riesgo son ahora los que menos rentabilidad ofrecen. Muestra de ello es que por primera vez en la historia las familias españolas destinan más parte de sus ahorros a los seguros que a los depósitos. Según se desprende de los últimos datos de Inverco, hasta septiembre de 2017 los seguros representaban un 11,2% de su cartera, frente al 10,9% de los depósitos.

Las imposiciones a plazo fijo en España llegaron a suponer por sí solas un 25,7% en el año 2008 y no llegaron a caer por debajo del 20% hasta 2014. Hay que tener claro que aquí no se incluyen las cuentas a la vista, donde se ahoga un 26,6% de la inversión, lo que acentúa que España sea uno de los países occidentales con peor estructura de ahorro financiero del mundo.

Es uno de los resultados de la política monetaria que ha llevado a cabo el Banco Central Europeo (BCE) en los últimos años. Desde que éste pusiera en marcha el famoso Quantitive Easing (QE) (es una medida económica o plan de estímulos con el que dotar al sistema económico de liquidez aumentando la cantidad de dinero en circulación) en 2012, la rentabilidad media de los depósitos españoles a un año se ha desplomado del 0,51 al 0,03%, según los últimos datos de las propias entidades. Y es que como el Euribor no ha dejado de descender, la banca se ha visto obligada a recortar los intereses que paga por el dinero en las contrataciones nuevas. Siendo ahora la más baja de los principales países de la Eurozona (10 puntos menos que en Italia y Francia).

Las cuentas a la vista han sido las grandes beneficiadas del ahorro que ha salido de los depósitos. Claro que no han sido los únicos productos beneficiados. Otros 21.708 millones de euros han entrado en fondos y Sicavs (que también superaron el año pasado al depósito en la piscina del ahorro) y otros 3.587 millones a seguros.

En cualquier caso, la inversión directa sigue siendo el activo de inversión preferido por las familias españolas, a ello destinan el 26,3% de sus ahorros financieros.

Crece por el efecto mercado

El ahorro financiero de las familias españolas se situó en los 2,11 billones de euros a finales de septiembre de 2017, tras reducirse un respecto al mes de junio, cuando se situó en 2,13 billones de euros según datos del Banco de España recogidos. Sin embargo, durante el conjunto del año aumentó un 1,9%, ya que los hogares españoles elevaron en 39.178 millones de euros su saldo de activos financieros.

A la vista está que la mentalidad del ahorrador español está cambiando en gran parte a las exigencias de los mercados del ahorro, ya que si nuestros ahorros no rinden al menos a la par de lo que aumenta el nivel de vida (Inflación) estamos perdiendo poder adquisitivo.

Lo que si queda claro es que, ya sea en seguros como cualquier otra alternativa de ahorro o inversión, lo importante es contar con una buena planificación financiera para que, independientemente de los mercados, estemos siempre cubiertos.

Cómo ser autónomo y llegar airoso a jubilado

Si es de los que cotiza siempre por la mínima, solo tiene hasta los 47 años para decidirse a aumentar la base de cotización y mejorar así claramente su pensión.

No es una leyenda urbana: los autónomos se jubilan con una pensión mucho menor que la de los asalariados. El Ministerio de Empleo dice que la diferencia media es de un 41% por debajo, unos 463 euros mensuales menos. La explicación es sencilla: suelen cotizar por la base mínima, lo que se traduce en una pensión también mínima.

Y es que no hay que olvidar que si bien los trabajadores asalariados tienen una base de cotización que se fija y evoluciona en función de su salario, los trabajadores por cuenta propia pueden elegir la base por la que cotizan, y dada la inestabilidad de su facturación se suele pecar de elegir bases más bajas de lo debido. Así, a nadie extraña que 6 de cada 10 autónomos no confíe en poder mantener su nivel de vida actual durante la jubilación.

La diferencia entre cotizar por la base mínima o la máxima no es ninguna tontería. Se calcula que alguien con un salario bruto de 3.000 euros mensuales que decida jubilarse, lo hará con 1.580 euros al mes si hubiera cotizado siempre por la base máxima, y con 724 euros, es decir, un 54% menos, si optó por la mínima.

El hecho es que lo habitual era cotizar por bases mínimas hasta edades cercanas a los 48 años y, a partir de esa edad, aumentar las cotizaciones a la Seguridad Social con objeto de incrementar sustancialmente su pensión. Sin embargo, desde la puesta en marcha de la reforma esta planificación se ve superada y, para conseguir pensiones equiparables, se tendrían ahora que incrementar las cuotas a la Seguridad Social a partir de los 42 años y deberán cotizar ininterrumpidamente periodos de tiempo bastantes más largos.

Si no lo ha hecho antes (de los 48 años), ya no le dejarán sobrepasar esa barrera. Está aquí el elemento discriminador respecto al común de los asalariados, quienes pueden mejorar su base de cotización al mismo ritmo que lo hace su salario según va progresando.

El porqué de esa limitación está, en “evitar las compras” de pensiones de mayor cuantía en los últimos 19 o 20 años de cotización (en el futuro serán 25 años), que son los que se tienen ahora en cuenta para calcular la prestación.

Una mayor flexibilidad para cambiar las bases de cotización (actualmente puede modificarse un máximo de dos veces al año), sobre todo en los primeros años de actividad, contribuiría a que este colectivo decidiese elevar sus cotizaciones y por tanto optaría a mayores prestaciones.

Si bien para cualquier persona es importante una planificación para complementar los ingresos en la jubilación, en este caso aún es mayor, ya que la diferencia entre los ingresos en activo y los ingresos en el momento de la jubilación acostumbra a ser mayor.

No es justo que cobren menos de pensión, por eso es vital que los autónomos (y también el resto de ciudadanos) tomen conciencia de la necesidad de planificar financieramente su jubilación

Claves para asegurarse una buena jubilación

La recta final del año suele ser el momento más frecuente (debido a la propaganda comercial de las entidades financieras) de pararse a pensar en la pensión que quedará tras la jubilación. Sin embargo, la creciente necesidad de ahorrar de cara a la jubilación no entiende de fechas en el calendario y, si bien el otoño es la época más frecuente para hacerlo, la realidad demográfica y económica hacia la que se dirige el país es por sí sola argumento de peso para adelantarse al frío invierno que le espera a las pensiones públicas.

El envejecimiento de la población es una evidencia. La prolongación de la esperanza de vida hace que los jubilados lo sean durante más tiempo, un desafío tremendo para la Seguridad Social y que augura pensiones más bajas para quienes se jubilen en el futuro. La reforma en profundidad del sistema es tarea pendiente para la que no existe aún el consenso político necesario, pero los cambios aplicados en 2013 ya supondrán novedades y rebajas sustanciales. Para empezar, la edad de jubilación se va retrasando de forma progresiva, de modo que los 67 años sean la edad efectiva del retiro a partir de 2027.

Pero la gran novedad llegará mucho antes, en 2019, cuando se introducirá el denominado factor de sostenibilidad en el cálculo de las pensiones, que tendrá en cuenta para su cálculo el crecimiento de la economía, los precios, la estimación de ingresos y gastos de la Seguridad Social y la esperanza de vida de quienes se jubilan cada año, de modo que la revisión anual de la pensión según el IPC no puede ser inferior al 0,25% pero tampoco superior al IPC más 0,5%. En 2022 los años cotizados que se tendrán en cuenta para calcular la pensión serán los últimos 25 años. Esto también contribuirá a una pensión más baja, ya que el sueldo más alto suele concentrarse al final de la vida laboral.

En definitiva, todo un abanico de medidas que apuntan a una fuerte rebaja en la tasa de sustitución, por la que ahora un jubilado pasa a cobrar de pensión el equivalente al 80% de su sueldo. La OCDE establece que el nivel de protección de los jubilados debe rondar el 60%, un porcentaje que se alcanzará fácilmente en los próximos años y que será muy inferior para las rentas altas.

La pensión máxima en la actualidad está en los 2.573,7 euros al mes, en 14 pagas. Según cálculos, quien ahora cobre poco más de 45.000 euros brutos anuales puede optar a esa pensión máxima y que su pensión se ajuste al 80% de sus ingresos en activo. Pero para quien tiene ahora 35 años y disfruta del mencionado salario, al jubilarse a los 67 años cobrará una pensión por el 46% de esos ingresos actuales, aproximadamente.

El mensaje insistente de la necesidad de complementar la pensión pública con ahorro privado de cara al futuro se vuelve una clara advertencia a la vista de estos cálculos. Y una vez asumido que la pensión futura será más baja, llega el momento de la planificación financiera del ahorro privado para la jubilación.

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¿Cómo podemos hacerlo?

El primer paso es hacer un ejercicio sencillo. Ver de cuánto dinero quieres disponer cada mes y cuánta pensión pública tendrás. La diferencia es lo que hay que ahorrar y, a partir de ahí, establecer un objetivo.

Muestra del desafío que puede suponer mantener el nivel de vida llegada la jubilación es el cálculo de cuánto hay que destinar al ahorro cada año. Utilizando una inflación y rendimientos medios:

Un trabajador de 35 años que se jubile a los 67, que aspire a tener entonces ingresos equivalentes al 80% de los actuales y que estime que su pensión pública de jubilación sea el 60% de su salario, deberá destinar al ahorro el 7,5% de sus ingresos cada año para lograr ese objetivo.

El porcentaje de ingresos que hay que destinar al para cumplir los objetivos previstos de cara a la jubilación es mayor cuanto más edad tenga el trabajador  con independencia de su salario. Así, alguien de 45 años deberá destinar el 12,2% de sus ingresos al ahorro para la jubilación, si pretende alcanzar la meta de mantener un nivel de ingresos en el retiro equivalentes al 80% de los actuales. Por el contrario, quien ahora tiene 25 años solo debe destinar el 1,8% de sus ingresos.

En base a estos datos podemos se nos presentan varias alternativas:

Los planes de pensiones tienen un atractivo fiscal a corto plazo pero dicha fiscalidad se endurece en el momento del reembolso, ya que tributa la tipo marginal de rendimientos del trabajo y no del ahorro. Hay otras opciones como los fondos, que permiten traspasos sin tributar por la plusvalía, los planes ahorro 5, los PIAS y los planes de previsión asegurados (PPA), también dirigidos al ahorro para la previsión y con incentivos fiscales, ya que éstos sólo tributan por los beneficios obtenidos.

En próximas entradas del blog analizaremos estas alternativas para complementar dicha pensión. Mientras tanto puedes contactar con nosotros para poder realizar un estudio de tu situación.

En estos casos, en el que no debemos depender de terceros como el Estado, tendríamos que aplicar el dicho “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.